Una cocina
elaborada de forma artesanal por las manos de un gran restaurador con
muchísimos años en la profesión, es la mejor garantía
para disfrutar de una buena velada gastronómica, esto y mucho más
es lo que te ofrece el restaurante Chust Godoy de la calle Boix.
El restaurante Chust Godoy, abierto desde diciembre del año 96,
es a pesar de su juventud, un establecimiento conocido sobradamente por
todos aquellos que disfrutan del placer del buen comer. La labor de Vicente
Chust dirigiendo con sabiduría y buen hacer la cocina y la de su
mujer Carmen García en la sala conforman un equipo perfecto que
se complementa con una plantel de grandes profesionales como su jefe de
sala, Miguel Cutanda.
Imaginación y calidad, claves del éxito
La incansable labor desplegada a lo largo de estos últimos
años tiene su recompensa en la fidelidad de una clientela que Vicente
Chust Godoy y Carmen, su mujer, ha sabido ganarse a base de tesón,
buen hacer y una gran profesionalidad de la que da clara muestra su carta,
todo un derroche de imaginación y calidad. Y en esto, como en casi
todo no hay secretos ni fórmulas mágicas, la receta como
muy bien dice Carmen es clara: "ingredientes
de primerísima calidad seleccionados y supervisados por nosotros
mismos, siempre materias primas frescas y naturales, y sobre todo el trato
correcto a la vez que afable hacia el cliente".
Vicente Chust como cocinero dotado de una gran experiencia profesional,
no en vano trabaja entre fogones desde los catorce años, ha logrado
crear una cocina propia en la que predominan las notas de la cocina mediterránea
con raíces en la tradicional, pero eso sí, sabiendo dar
el toque personal que distingue a las cocinas de recetario de esa otra
cocina más creativa o de autor que él desarrolla. De este
modo, logra dar a sus platos ese toque de personalidad tan característico
que nos advierte de que nos encontramos frente a un gran chef.
Trato agradable y ambiente acogedor
La experiencia adquirida tras tantos años de trabajo y experiencia
acumulados en establecimientos tan afamados como Comodoro, Ma Cuina, Venta
del Toboso, Nova Tabarca, Devesa Garden, El Cachirulo o el restaurante
de Oscar Torrijos de quien se confiesa discípulo, han convertido
a Vicente en uno de los restauradores más prestigiosos de nuestra
ciudad, galardón que ostenta merecidamente al frente de su establecimiento
de la calle Boix.
De ello pueden hablar perfectamente sus clientes, muchos de ellos fieles
desde su primera visita a este acogedor local, una clientela que sabe
apreciar no sólo la calidad, sino también la gran profesionalidad
de la que hacen gala todos los que allí trabajan, el excelente
trato que se les dispensa y el acogedor ambiente que se respira, que convierte
una comida o una cena en una velada sosegada en la que poder disfrutar
de los placeres del paladar con absoluta tranquilidad.
Entre la variada clientela de Chust Godoy predominan los altos funcionarios
de las instituciones cercanas, políticos, hombres de negocios,
tanto de la empresa como de la banca, reconocidos deportistas, y todo
aquel que sabe apreciar la calidad que este establecimiento muestra en
su carta, una carta que varía tres veces a lo largo del año
y que ofrece un menú degustación a un precio más
que razonable.
Carta selecta y jornadas de caza
Chust Godoy también dedica unas jornadas a la caza que se desarrollan
durante dos semanas de noviembre y en la que se pueden saborear todo tipo
de especialidades. La carta de Chust Godoy no es excesivamente amplia
pero en ella se encuentran especialidades que pueden hacer las delicias
del paladar más exigente, entre los entrantes podemos destacar
la sabrosa terrina de foie gras de pato clásica con tostas y gele
de moscatel como paso previo a un plato a base de arroz, como el meloso
de bogavante o de langosta.
También los amantes del pescado pueden encontrar platos de fenomenal
textura como la Dorada de playa con hojaldre. Entre las carnes, podemos
encontrar una exquisita pintada rellena de foie con lagrimas de pimienta
o un sabrosísimo solomillo de novillo marchand du vin. Por su parte,
los postres adquieren el título de obra maestra con sus sorbetes
variados de fruta natural y barquillo de canela o con su tocino de hielo
con helado de yogurt y moras, todo un mundo de sensuales sensaciones a
descubrir.
El establecimiento cuenta con un salón principal con capacidad
para unos veintiseis o veintiocho comensales, y otros dos salones privados
uno en la planta superior y otro en la bodega, situada en el sotano, con
una capacidad aproximada de diez plazas en cada uno de ellos. En cualquiera
de ellos se puede disfrutar de una buena comida o cena en un ambiente
tranquilo y relajado, una agradable velada de la que seguro disfrutará
todo aquel que se acerque hasta el establecimiento de Chust Godoy.
José L. Campos (Valencia)
|